En Monfragüe, cada estación tiene sus particularidades.

La primavera, por ejemplo, es la mejor época para ver mayor diversidad de avifauna; en otoño, por su cromatismo y la berrea del ciervo, tiene un encanto especial.

En invierno, las aves acuáticas o la niebla y las heladas dibujan paisajes característicos; en verano, las altas temperaturas transforman a la dehesa en un feudo de hermosos tonos amarillentos.

Pero además, cada mañana, cada tarde o cada noche, Monfragüe se transforma en un espacio con perfiles, luces y sonidos distintos.

Es la riqueza de un entorno, donde el sol, la luna la lluvia o la escarcha nos atrapan para disfrutar con la magia de la vida.